El cíclope totalitario

El cíclope totalitario

Nelson Rivera
Hoja del Norte
Diciembre 2018
418
Trade (Tapa blanda)

Cuando pocos habían asumido la tarea de documentar los efectos del creciente autoritarismo del proyecto chavista, Nelson Rivera ya llevaba años compartiendo en El Nacional los hallazgos de un proyecto personal de lectura, de investigación y de divulgación que tiene escasos equivalentes en Venezuela. Se trataba de revisar los testimonios y los estudios sobre las experiencias totalitarias que habían tenido lugar en Europa y en Asia, una por una, libro por libro, autor por autor. Una búsqueda que implicaba cientos de horas de lectura con el lápiz en la mano, y unas cuantas más para destilar, en textos de intensa brevedad y con una voz única, el producto de esas pesquisas. En 2009, Rivera reunió esos textos en un libro, El cíclope totalitario, en la colección Actualidad del sello Random House Mondadori. Menos de diez años más tarde, con esa editorial cerrada en el país y muchos de los síntomas de la oscuridad totalitaria extendidos entre nosotros, Editorial Dahbar toma el testigo para insistir en la necesidad de que ese libro llegue a sus lectores, esté a la luz, cumpla con la función admonitoria con que fue escrito.

“Patriotismo, nacionalismo, socialismo, populismo, fascismo: cabe contestar a una insistente e inquietante pregunta: ¿qué debería hacernos pensar que tales movimientos o fórmulas políticas, siempre portan tenebrosas energías que impulsan a tomar conductas hostiles, y que las mismas, acumuladas y pervertidas, bien podrían derivar en beligerancia o en enfrentamientos armados?”, es una de las preguntas que nos lanza Nelson Rivera en El cíclope totalitario. “Esencialmente esto: que ellos son dispositivos emocionales, cuya naturaleza más intrínseca es afectiva. Espeso, craso sería nuestro equívoco, si en tales ‘ismos’ no atinásemos a ver más que propaganda, manipulación o malhadado aprovechamiento de figuras abstractas como la patria, la nación, el pueblo o la esperanza de un futuro mejor. Si los torcidos estrategas del poder, de hecho alcanzan a movilizar a las masas alrededor de consignas y banderas que ondean intangibles, ello sólo es posible porque los oficios del manipulador (sus discursos, acusaciones, maniobras y escenificaciones) actúan sobre una base real, cierta: que las personas llevamos dentro de nosotros imágenes, ideas de lo que somos y queremos, sentimientos cuya vocación son especulaciones sobre lo colectivo, la identidad, las ilusiones que producen y reproducen los intercambios y la vida en comunidad. Vale la pena insistir en el meollo del caso: el manipulador no trabaja sobre una mesa desprovista”.