Antonio Gaggia no se llama Antonio Gaggia. Bajo ese nombre sonoro y ese apellido de máquina de café se esconde un hombre real que escribió estas memorias amparándose en la vieja tradición de usar pseudónimo para poder decir la verdad, cuando esa verdad es lo suficientemente comprometedora y espectacular como para meterlo a uno en problemas. El lector verá en estas páginas que es un profesional de éxito y que vive en Caracas. De lo que hace cuando no está trabajando, él mismo se encarga de dar abundantes (y escabrosos) detalles.