La culebra y la esperanza

Compartimos con nuestros lectores el texto preparado por Alberto Barrera Tyszka para la presentación de "El país que se muerde la cola"

Alberto Barrera Tyszka

Compartimos con nuestros lectores el texto preparado por Alberto Barrera Tyszka para la presentación de «El país que se muerde la cola»

Hace unos años, me tocó ir a Miami a promocionar un libro. La editorial había organizado una jornada intensa de medios que terminaba en un programa de debates de una estación de televisión local. Yo había pedido que, dentro de lo posible, en todos los espacios, evitáramos hablar de la coyuntura y tratáramos más bien de conversar sobre la novela. Lo mismo hice antes del programa. El ancla me dijo que sí, que por supuesto, que entendía perfectamente, que no había ningún problema.  Apenas se encendió el foquito de la cámara y el floor manager indicó que estábamos al aire, el ancla comenzó a hablar animadamente: “Esta noche tenemos un invitado que viene de nuestra querida república de Venezuela, herida -como sabemos- por el castrochavismo. Alberto está aquí en Miami porque viene a presentar su nueva novela, sobre que la que vamos a hablar profusamente”. Con la mano, puso la carátula del libro contra la mesa, me miró y a quemarropa hizo la primera pregunta: “Y entonces, Barrera, ¿tú qué piensas de Maduro?”.

Apenas me senté a escribir estas líneas, la memoria me regresó esta anécdota.  Pienso que ésta es una de las primeras dificultades, de los primeros y más complicados desafíos, que tiene un libro como “El país que se muerde la cola”.  Es una dificultad y un desafío para el autor, pero también para el lector.  Tratar de mirar y de pensar el país más allá de la estridencia inevitable de los circunstancial.  Llevamos años sometidos a la urgencia de lo inmediato.  Y no quiero minimizarla. Para nada. Lo inmediato para nosotros está lleno de tragedias.  Por eso mismo, muchas veces, nos confunde, nos impide discernir, detenernos a tratar de analizar con calma y de diferentes maneras lo que sucede.  Ahora, por ejemplo, podría tentarnos la posibilidad de dejar el libro para más adelante y preguntarle a Michael qué piensa sobre las primarias, sobre el viaje e Delcy Rodríguez a Europa, sobre la posible nueva “negociación”, o sobre María Corina Machado y las encuestas… No te asustes, Michael. Voy a hablar del libro.

Ya dije que esta obra nos propone el reto de la complejidad. Sin descuidar las particularidades de nuestra confusa y cambiante realidad, quiere llevarnos más allá; más allá incluso de esa zona de confort que también representa la polarización; más allá de los análisis esquemáticos y los desenlaces fáciles; más allá de las soluciones puras, de los finales  donde solo hay un ganador y un perder.  Nuestra historia es mucho más borrosa, mucho más difícil.  Michael Penfold se arriesga a enfrentarse a las grandes preguntas que tenemos frente al país y su futuro; y luego también se arriesga a elaborar posibles respuestas a esas preguntas.

Por eso, tal vez, en el fondo de este libro se mueve una interesante naturaleza paradójica.  Es algo que está muy presente desde el mi comienzo: “El país que se muerde la cola” es un título que convoca a la desolación. Alude a nuestro “eterno retorno”, al fracaso como marca de nuestra historia por recuperar la democracia en el país. Todo lo que hagamos por avanzar pareciera estar destinado a llegar, siempre, al mismo lugar del pasado del que intentamos escapar. ¿Hay acaso algo más pesimista?  Y, sin embargo, como una rápida respuesta a esto, en la primera página, Michael Penfold nos ofrece el lado B de esa realidad.  La cita que abre su libro pertenece a una carta de Rómulo Bentacourt a Rafael Caldera, fechada en 1956 (CITO): “El venezolano es demócrata, quiere la libertad, por ella ha peleado y se ha sacrificado a lo largo de la historia… Nosotros, disueltos, perseguidos, acosados…nos hemos trazado una línea de gran amplitud. No creemos en posibles salidas insurreccionales de la situación de encrucijada en que está el país” Betancourt, en el exilio y ante una dictadura feroz, deshecha el sueño del “milagro violento” y apuesta por la política y por la unión de la oposición. ¿No es acaso, visto desde nuestro contexto, una referencia abismalmente optimista?

Desde el principio, entonces, se establece una invitación a recorrer todos los textos de este libro sobre estas dos direcciones, a veces aparentemente contrapuestas: siguiendo la ruta del análisis y el diagnóstico de una realidad difícil, dura; pero manteniendo también la complicidad de la esperanza, la ruta que confía en que es posible transformar esa realidad.

“El país que se muerde la cola” está dividido en tres partes muy claramente delineadas.  En la primera – llamada “el blindaje del sistema”- se propone una exploración a fondo del proceso -detallando los mecanismos, las circunstancias específicas y las maniobras políticas- que ha permitido al chavismo sobrevivir y consolidarse durante todos estos años.  Penfold realiza un registro minucioso, no sólo del desmantelamiento institucional, de la gradual articulación de la Fuerza Armada al partido de gobierno, de los diferentes usos de las dinámicas electorales como procedimientos de legitimación, de la transición de modelos de liderazgo y de las condiciones del país de Hugo Chávez a Nicolás Maduro…si no también de la actuación y del comportamiento opositor como reforzador –en ocasiones- del sistema autoritario.

“El chavismo –escribe Penfold- no es un autoritarismo clásico (…) Tampoco es una dictadura personalizada.  Por el contrario, es un sistema complejo, de carácter híbrido, que combina elementos electorales y partidistas de carácter hegemónico, conjuntamente con un componente militar, que responde a su propia lógica revolucionaria, en un contexto profundamente venezolano”. A mí me gusta particularmente la caracterización que ofrece el libro sobre el chavismo como una suerte de medusa que muta constantemente, como un animal capaz de transformarse con enorme rapidez, “entrenado para resistir”.

La segunda parte del libro se llama “Despachos de una guerra civil silenciosa” y reúne textos que Michael escribió y publicó en diferentes medios -nacionales e internacionales- entre el 2015 y el 2022.  Son análisis de coyuntura, sí, pero también muestran el proceso de construcción de una perspectiva de análisis. Lo que quiero decir es que estos textos no solo funcionan como un análisis concreto, como una crónica cercana de la realidad turbulenta y desconcertante de esos años, sino que además también son una crónica de cómo se ha ido moviendo la interpretación de esa realidad, de cómo también el pensamiento va transformándose ante lo que aprende, de cómo incorpora las mutaciones de la realidad en su propia forma de analizarla y tratar de entenderla y de explicarla.

El libro se centra en una etapa reciente y llena de hechos cruciales: el triunfo de la oposición en la elecciones legislativas del 2015, el endurecimiento del sistema autoritario, la salvaje represión en contra de las manifestaciones populares,  la violencia como ceremonia normalizada por parte del Estado, la imposición de una nueva Constituyente, la definitiva ruptura institucional, la alternativa de Juan Guaidó, las diferentes aventuras insurreccionales, las distintas negociaciones fallidas…En estos siete años ha pasado de todo. Yo sospecho que todavía es muy pronto para poder ponderar los cambios profundos cambios que -en todas las dimensiones- han sacudido recientemente al país. Creo que todavía no podemos percibir y discernir con claridad cómo la experiencia de la miseria, de la violencia institucional normalizada y de la migración (por nombrar sólo tres elementos) han afectado de manera definitiva eso que llamamos la “identidad”, el tan mentado ADN cultural de los venezolanos.

Muchas de las preguntas con las que Michael Penfold enfrenta las distintas coyunturas funcionan como un espejo eficaz frente a lo que sucede en nuestro presente. El país se muerde la cola, sí. Pero no se la muerde siempre con los mismos dientes y de la misma manera. Precisamente, una mirada con distancia y en perspectiva es lo que permite observar y detallar las variables que se repiten, los procedimientos que se articulan como partes del sistema, los errores que a veces no parecen improvisaciones sino métodos.

En esta parte del libro me parecen particularmente pertinentes la atención, el seguimiento y la reflexión que Michael Penfold hace sobre el tema de las sanciones económicas y sobre las acciones del liderazgo opositor -en contexto de conflicto, negociación, o debate electoral- y su relación con la ciudadanía y sociedad civil organizada.

La tercera parte del libro se adentra en la espesura de las grandes preguntas: ¿cuál es la vía para democratizar el país? ¿Le interesa al chavismo negociar? ¿Está dispuesto a hacerlo? ¿Es posible desmantelar un sistema autoritario, corrompido, y re institucionalizar a Venezuela? ¿Qué oposición necesitamos para que pueda producirse un cambio?  Mientras indaga sobre la naturaleza del chavismo en esta etapa, en medio de una aterradora emergencia humanitaria, ante un Estado que ha violado –sistemáticamente y de forma brutal- los Derechos Humanos de la población, en un contexto internacional cambiante (pero que aún mantiene duras sanciones económicas), enfrentado a un probable escenario electoral en 2024, Michael Penfold ensaya y propone respuestas a estas interrogantes. Creo que es un ejercicio arriesgado, honesto y valiente.

Cuando yo me gradué de bachiller en Humanidades, ninguno de mis compañeros eligió politología como carrera para seguir sus estudios en la Universidad.  En verdad, no recuerdo a nadie que -en aquellos años- vocacionalmente dijera “quiero ser politólogo”. Visto a la distancia, tal vez nos parecía una excentricidad, como si alguien de pronto hubiera confesado que iba a estudiar Geografía.  La politología parecía una disciplina abstracta, químicamente académica, muy alejada de nuestra vida cotidiana. Esa es otra vuelta de la historia.  Ahora hay una cantidad de politólogos y de politólogas jóvenes estudiando (de manera teórica pero también práctica, con trabajo de campo) nuestro país.  La tragedia nos ha dado, también, otra forma de entender, vivir y valorar la política. Y este libro es un ejemplo extraordinario de eso.

Quisiera terminar -como la culebra que se muerde la cola- volviendo al inicio, a la paradoja fundacional de todas estas páginas. Es la relación entre el análisis brillante de una realidad demoledora y la posibilidad de mantener frente a ella el ansia de un posible cambio.  En la tensión entre ambos puntos se encuentra respirando la enorme lucidez de este libro.  Michael Penfold le da forma, asidero, sustancia, a esa encrucijada, no sólo desde lo real sino también desde las formas y los caminos de la ilusión.  El tema de la esperanza ante un sistema autoritario es un tema fundamental en nuestras vidas.  Voy a cerrar con unas palabras escritas hace poco más de un siglo. En 1918, el escritor ruso Iván Bunin se defendía del huracán revolucionario bolchevique escribiendo a escondidas un diario.  El 12 de abril, escribió lo siguiente: “Todos son rumores y más rumores. Vivimos en una permanente espera. Y esa continuada espera, esa sensación de que en cualquier momento llegará alguien y acabará con todo esto de una vez, de ninguna manera nos saldrá gratis, porque deformará nuestras almas si es que conseguimos sobrevivir. Aún así, ¿qué sería no nosotros si no viviéramos esperando? ¿Qué sería de nosotros si nos hubieran quitado hasta las esperanzas?”.

Caracas, 19 de julio de 2023

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