Prólogo de «María Corina Machado A contracorriente» por Nelson Rivera
Enero, 2026

I. Comienzo por anotar tres de los riesgos por los que transita María Corina Machado, a contracorriente. El primero, como el lector imagina, se refiere al momento en que se publica, comienzos de 2026. En buena medida, el libro se refiere a realidades en curso, cuyo cierre todavía no se ha producido. Hay numerosos indicadores que nos señalan que la transición ya ha dado sus primeros pasos. Pero puede ocurrir que los hechos cambien el rumbo que llevan las cosas e, incluso, que desmientan algún supuesto que hoy parece evidente y verificable.
Sin embargo, y este bien podría ser el mayor atributo del volumen, los ensayos y artículos reunidos, sin separarse del carácter noticioso de los asuntos que son ineludibles en el recorrido de María Corina Machado, logran ofrecer sustantivas reflexiones. Si fuese un dilema, diría que el conjunto está más próximo al ensayo que al periodismo, aunque no prescinda de él.
El segundo riesgo destacable es que los autores no eluden debatir las complejidades, los asuntos que aparecen como los más controvertidos en el pensamiento, en las palabras y en las acciones de María Corina Machado, dirigente política que se declara afín a los postulados de la derecha y la centro derecha liberal, defensora de los postulados básicos de la economía de mercado.
María Corina Machado, a contracorriente no es, hay que decirlo de entrada, una secuencia de loas. El conjunto escoge el camino de reconocer el carácter radical –no en el sentido de extremismo, sino de voluntad transformadora– que ha tenido y tiene la personalidad política de María Corina Machado. Desde perspectivas diferenciadas aquí se desgranan asuntos que lo ameritan: su perfil ideológico, sus alianzas y preferencias políticas, el lugar que, en sus enunciados, ocuparía Venezuela en ese campo minado que es la actual escena geopolítica mundial.
Por último, está el riesgo de escribir sobre una persona de la que, si se piensa bien, sabemos relativamente poco. Machado ha protegido con celo los límites entre su acción pública y la esfera privada. De la segunda, apenas ha mostrado lo mínimo necesario. Y no se trata de una práctica de ocultamiento, sino de lo que parece una más de sus firmes convicciones: la acción política exige de sacrificios y, entre ellos, el de evitar que los asuntos personales la desvíen –nos desvíen– de los objetivos y tareas que exige enfrentar a una dictadura.
II. Escuché hablar de María Corina Machado por primera vez, hace ya muchos años, a Carmelo Lauría (1936-2010). Su planteamiento, que parecía de casi inocente simpleza, sugería: al militar machista, con talante de dictador y pensamiento estatista que es Chávez, hay que oponerle una nueva figura política que sea su opuesta: una mujer con ideas liberales, que no tema enfrentarlo. Lo que entonces lucía como elemental y esquemático, ha resultado en un visionario pronóstico.
III. Ha transcurrido un cuarto de siglo desde el momento en que María Corina Machado y Alejandro Plaz –ella, en primer plano; él, concentrado en la trastienda de la operación– irrumpieron en el meollo del debate nacional con Súmate, oenegé que apareció en 2002 para impulsar, con inusuales estándares técnicos, estratégicas iniciativas políticas y electorales, herramientas de la lucha democrática.
Recordar ahora la etapa de Súmate, quizá el primer hito visible en el recorrido de María Corina Machado, tiene relevancia: hizo posible demostrar muy temprano que el chavismo estaba dispuesto a desconocer las leyes, a pasar por encima de la cultura política imperante en Venezuela desde 1958, y que cualquier recurso fuera de la ley-incluso el uso sistémico de la violencia-le serviría para mantenerse en el poder.
Pero esto no fue todo: Súmate removió también el transcurrir de los partidos venezolanos (y, por extensión, la cultura del periodismo político y de opinión que se había establecido tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, en 1958) porque puso en evidencia carencias significativas en estas organizaciones, el deterioro de sus capacidades profesionales y logísticas, la dificultad para entender y asumir que el movimiento encabezado por Chávez tenía como su verdadero propósito central la destrucción del modelo de democracia representativa en Venezuela.

Machado revisa con los medios locales la exposición Votos, no balas en el Nobel Peace Center de Oslo, el 11 de diciembre, con un vestido diseñado por la también venezolana Carolina Herrera
IV. Desde aquel capítulo inaugural, Machado ha sido un reiterado factor disruptivo en las aguas cada vez más turbias de la política venezolana
Ella ha experimentado momentos de especial luminosidad, como cuando le espetó a Chávez que expropiar era robar, ante la estupefacción y rabia militante de los miembros oficialistas del Congreso Nacional del 2012, escena que funda su posicionamiento como una demócrata dotada de singular coraje.
A lo largo de los años Machado ha ejercido los que entiende como sus derechos y deberes primordiales: fustigar al régimen (ha sido persistente en la denuncia de las violaciones a los derechos humanos y las libertades); tomar distancia y rebatir expresando sus opiniones con rotundidad las posturas de dirigentes y organizaciones políticas de la oposición (en algunos casos, de falsa oposición). Ha pagado el costo durante años sus indicadores de popularidad fueron bajos, pero estas adversidades no la doblegaron: continuó opinando a contracorriente, sin menoscabo de los contenidos esenciales de su aparato doctrinal.
V. Cuando en 2023 su aceptación se dispara a velocidad e intensidad inaudita, en lo sustantivo, María Corina Machado seguía siendo la misma que conocíamos. Su persistencia, su mantenerse dentro de un campo de posiciones, su resistirse a componendas y cambios tácticos, le fueron granjeando un perfil cada vez más nítido para los demócratas venezolanos.
Arrasó en las elecciones primarias de octubre de 2023; logró unir a las oposiciones unas claramente enfrentadas a la dictadura, otras que solo lo simulan en torno a la contienda electoral; se puso al frente de una campaña electoral de meses en los que tuvo que afrontar la violencia física y ataques con balas, y sortear un gigantesco programa policial, militar y paramilitar de abusos que intentó impedirle moverse por el país y hablar a los electores.
Condujo a Edmundo González Urrutia a una abrumadora e indiscutible victoria sobre el dictador ahora reo Nicolás Maduro; dirigió, otra vez exhibiendo impecables capacidades profesionales, la campaña comunicacional, legal y técnica para demostrar el triunfo de los demócratas; fue empujada a la clandestinidad en dos ocasiones; detenida durante unas horas y liberada por los esbirros del régimen; tras ser reconocida con el Premio Nobel de la Paz, cuando llegó la fecha decisiva salió de su escondite y viajó a Oslo, periplo en el que puso su vida en riesgo, como tantos otros venezolanos perseguidos y sitiados por el poderío de la dictadura.
VI. Durante este intenso arco de actuaciones, incluso en los momentos en que escogió hacer silencio, María Corina Machado se ha hecho sentir de forma visible y sonora: de ello hablan los textos articulados en este volumen. Hablan de la mujer telúrica cargada de simbologías que ha mostrado coraje en distintos escenarios, tenaz en sus propósitos, inquietante para algunos, esperanzadora para muchos: una política que no ha temido irritar a los izquierdistas del planeta y, en alguna oportunidad, a sus colegas demócratas y al buenismo de ciertos analistas políticos.
VII. En una decisión que debemos agradecer a los editores, María Corina Machado, a contracorriente incluye dos piezas capitulares: los memorables discursos de Jørgen Watne Frydnes, presidente del Comité Noruego del Nobel, y el de la propia María Corina Machado que, durante una ceremonia de altas calidades emocionales, fue leído por su hija Ana Corina Sosa Machado, ya que la ganadora, huyendo de la dictadura debió enfrentar inesperadas adversidades, por lo que no alcanzó a llegar y recibir el honor concedido»
Ambos discursos, sumados a los ensayos que fueron especialmente escritos o editados para el volumen por Rafael Osío Cabrices, Beatriz Becerra, Elías Pino Iturrieta, María del Carmen Míguez, William Neuman y Luis Emilio Bruni, o que fueron incorporados por los matices y criterios que agregan en el conjunto, que ya habían sido publicados en distintos medios de comunicación los de Enrique Krauze, Roberto Saviano, Javier Corrales, Carlos Granés y Alejandro Tarre, configuran un poliédrico y rico retrato, cargado de matices y posibilidades, de una lideresa en funciones, ahora mismo en la plenitud de su apogeo y de sus potencialidades. Escriben sobre una mujer que ha sido y seguirá siendo referencia ineludible en el debate geopolítico, dentro y fuera de Venezuela.
VIII. Decir lo que piensa: de ello trata, en esencia, el heroísmo histórico de María Corina Machado. Decir lo que piensa está en el meollo de su marca pública. Seguramente es el engranaje que alimenta y moviliza sus convicciones. Convicciones por las que una noche de noviembre de 2025, a bordo de un precario bote de pesca, fue conducida por las aguas embravecidas del mar Caribe, aguantando los golpes de olas enormes, sin brújula y a punto de ser tragada por el mar, hasta que logró llegar a la isla de Curazao y seguir su ruta hacia Oslo, donde la esperaba el premio Nobel de la Paz.
IX. En el discurso leído en Oslo, en ese decisivo escenario, Machado se dirigió a nosotros los ciudadanos, a los lectores, a los simples espectadores que aspiramos a recuperar las libertades y que anhelamos una vida en democracia. Nos dedicó tres breves párrafos de su discurso, que nos interrogan sin eufemismos:
«Pero incluso la democracia más fuerte se debilita cuando sus ciudadanos olvidan que la libertad no es algo que esperamos, sino algo en lo que nos convertimos. Es una elección personal y deliberada, y la suma de esas elecciones forma el ethos cívico que debe renovarse cada día. Mi generación nació en una democracia vibrante y la dábamos por sentada. Asumíamos que la libertad era tan permanente como el aire que respirábamos. Apreciábamos nuestros derechos, pero olvidábamos nuestros deberes».
X. Nos ha llamado a cumplir con nuestros deberes si queremos avanzar hacia una vida en libertades y en democracia. Y nos ha recordado que, una vez cruzado el punto de inflexión, hay que seguir bregando por construirla, mantenerla y perfeccionarla.
¿Acaso ha cumplido ella con la parte de la tarea que le corresponde? Sin duda. Con sus indiscutibles aciertos y posibles errores, ha hecho sus deberes. Fue reconocida con el premio Nobel de la Paz 2025 por sus cumplimientos, pero no se conforma. Sus tareas no han culminado. María Corina Machado sigue. No abandona. No lo ha hecho nunca. Insiste en el arduo bregar porque en Venezuela se establezca un estatuto de convivencia y paz, donde las libertades y la justicia ocupen el lugar primordial que les corresponde. Por fortuna, no está sola, no rema sola en el camino hacia esos objetivos.



















