Una novela sobre la familia venezolana dispersa por todo el mundo

La emigración sigue creciendo en su literatura. El nuevo libro de la autora y diseñadora Menena Cottin, El final de la película, es una novela breve que incluye un guion de cine, y que revela cómo un niño de origen venezolano que crece en Estados Unidos conoce el país de su familia a través de…

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La emigración sigue creciendo en su literatura. El nuevo libro de la autora y diseñadora Menena Cottin, El final de la película, es una novela breve que incluye un guion de cine, y que revela cómo un niño de origen venezolano que crece en Estados Unidos conoce el país de su familia a través de un documental. Lo publica editorial Dahbar.

Lucas ha cumplido siete años, por lo que ya tiene “uso de razón”, y es uno de esos niños venezolanos de hoy que están creciendo en otro lugar del mundo. Para él, Venezuela es el país de sus mayores. Pero sus padres intentan hacerle entender mejor aquel mundo mediante el oficio que comparten, y que Lucas entiende muy bien: el cine. Un documental que entrevista a sus familiares le permite al niño saber de dónde viene su familia y de paso enterarse de un doloroso secreto que él ayudará a procesar, para que ciertas historias terminen como deben terminar. Su historia es la misma de muchos otros niños, no en la ficción sino en la realidad, que conocen a sus abuelos por Skype o por FaceTime, y que imaginan o recuerdan Venezuela según un par de objetos de artesanía y un álbum familiar. Son los niños de la emigración, nacidos en Venezuela o en el exterior, de padres venezolanos, cuyo mundo familiar es venezolano por entero, pertenece a un país que no conocen o que han olvidado. Este libro híbrido, que puede ser leído tanto por jóvenes como por adultos, es una novela y también un guión cinematográfico, un storyboard y una reseña. Pero sobre todo es una breve pero eficaz aproximación a los misterios de la realidad, que se manifiestan ante nosotros como historias de las que solo tenemos escenas dispersas, y que debemos recomponer como en la moviola de un editor de cine. Menena Cottin vuelve a proponer un libro único. Menena Cottin es una diseñadora gráfica y escritora venezolana. Entre su obra para niños, destaca entre otros títulos su Libro negro de los colores, ilustrado por Rosana Faría, que fue traducido a la mayoría de idiomas del planeta y que ganó premios internacionales por su capacidad para mostrar el mundo a los lectores jóvenes que no pueden ver. Entre su obra para adultos, está la novela La nube y la crónica Cierra los ojos que vamos a ver, ambas ya publicadas por esta misma casa.

Palabras de presentación de Rodolfo Izaguirre Sobre «El Final de la película», en la librería El Buscón

Siento que encontrarme acá es como estar en casa, y que la presencia de Katyna es una presencia tutelar que en esta ocasión va a tener que compartir con ustedes, con Menena Cottin y con Sergio Dahbar la gloria de presentar El final de la película, la más reciente obra de Menena.

Le dije a Menena que considerar un guión cinematográfico como una novela iluminada como es esta, es encontrar la rosa azul, es decir, es toparse con lo imposible, y ella lo logró, ella encontró esa rosa azul.

Todavía hay una polémica que no ha terminado, que discute si el guión cinematográfico debe considerarse un género literario o no. Hay quienes dicen que sí y hay quienes dicen que no. Pero Menena se dejó de tonterías y convirtió un guión cinematográfico en una novela, o lo contrario, hizo de una novela un guión cinematográfico. Ella hizo exactamente lo mismo que hizo Alejandro El Grande, sacó la espada, le dio un tajo al nudo gordiano y se acabó la historia del nudo gordiano… Y Harrison Ford, en la película de Spielberg En busca del arca perdida, le pega un tiro a un musulmán que está retándolo con un sable, le pega un tiro y se acabó la historia del musulmán y el sable, y ella hizo eso. ¡Y es una audacia de parte de Menena hacer eso!

Es por otra parte un libro muy raro, porque siendo -como es- un guión cinematográfico que trata la saga de la familia Lander, es al mismo tiempo una magnífica novela urbana que narra, con la escritura propia del género literario, la vida de cuatro bisabuelos, dos abuelos, dos papás y el joven Lucas Lander Linares en quien deposita Menena sus mayores desvelos. Es una historia familiar que yo encuentro fascinante. Cuatro generaciones, y detrás de ellas, el cine y un país.

A Gabriel García Márquez le habría encantado este libro porque él era un lector que a medida que iba leyendo, arrancaba las páginas y se las daba a Mercedes su mujer para que la leyera también. De modo que el libro que tiene una espiral como éste, es muy fácil arrancar la página y dársela al otro para que la siga leyendo. Es perfecto, al Gabo le hubiera encantado.

Este es un libro que narra una historia familiar estupenda, un libro cuya estructura no parece ser la de una novela tradicional porque tiene una espiral, a la izquierda tiene las ilustraciones como en un guión de cine y a la derecha está el espléndido texto de la novela. Nunca había visto yo un guión que al mismo tiempo fuese una pieza literaria, y lo mejor de todo es que al final de la película, quiero decir, al final de la novela, comienza nuestra propia película, la película que nosotros podemos terminar, imaginar, construir también en torno a la familia Lander. Entonces el libro se abre cuando se cierra como ocurre a veces en el cine con las películas que llaman de final abierto, es decir, el reto que ella nos da es descifrar qué es la felicidad. Yo creo que en esto consiste esta novela. Es un libro que se lee en el resplandor de las palabras, y se escucha en la luz que brota de la penumbra de unas páginas que Menena convierte en una inventada sala de cine.

Nuestra admiración toca por igual a Menena y a Sergio Dahbar, pero también toca a Katyna y a todos nosotros. A Menena por la hazaña de adentrarse y componer una obra híbrida que no sabemos cómo aceptar, un guión de cine que se convierte voluntariamente en la apasionante novela sobre una familia. A Sergio Dahbar por atreverse a editarla en estos tiempos difíciles en que nos ha tocado estar. Este es un curioso editor que cruza los horizontes sabiendo que al hacerlo le acechan los peligros de los abismos. Y lo que más debería regocijarnos al gustar el espléndido texto de esta novela es constatar que por encima de los riesgos, peligros y acechanzas que agobian al país venezolano en la hora actual, existen seres como Sergio y Menena, como Katyna y como todos nosotros, capaces de encontrar la rosa azul de nuestros mayores anhelos.

Gracias.

Rodolfo Izaguirre.

El Buscón, 25 de junio de 2017.

Palabras de Menena Cottin en el Bautizo de su libro «El final de la película»

Buenas tardes. Gracias a todos por venir, por el cariño, por el esfuerzo que sé que significa, y por reservar, en medio de esta tormenta, un pequeño espacio para compartir con la cultura. Confieso que entre tanta tristeza me custionaba si mi ánimo –y el de ustedes- estaba como para compartir un evento feliz. Entonces, recordé una cita que me mandó mi amigo Pedro Quintero hace unos días, y aqui comparto:

Cuando a Wiston Chrurchill se le pidió cortar el presupuesto de las Artes en favor de los gastos de guerra, él simplemente respondió: “Entonces para qué estamos luchando?”

Gracias Pedro Quintero. Gracias Chruchill.

Gracias Katyna, María Teresa y Federico por recibirme en El Buscón, esta querida librería que ya se ha convertido como en una casa para mis libros y por supuesto para mí.

Hoy nos reune el lanzamiento de El final de la película, un libro muy querido por mí porque está lleno de afectos personales y anécdotas que retratan de alguna manera nuestra identidad, la de una Caracas que durante cuatro generaciones se ha ido transformando y dejando huellas en quienes la hemos habitado. Una Caracas que vio nacer la primera sala de cine en 1925 permitiendo a sus hijos descubrir la magia de las películas.

¿Y cuál es esa magia? ¿Qué son las películas? Una película -como la vida- es una historia en desarrollo. Y en la vida -como en una película- hay un director, hay protagonistas y hay algo que sucede. Tiene un principio, un desarrollo y un final.

En la vida, cada quien -si quiere- puede ser el director de su propia película, puede -si quiere- ser el protagonista principal, escoger a los otros actores, y llevar la historia por el camino de su propio guión, incluso puede irlo modificando mientras rueda su película para llegar a un final. Un final que puede ser bueno o malo… Todo depende del director.  

Hay quien prefiere dejar que otro le dirija su propia película. Hay quien no es su protagonista principal. Hay quien ni siquiera se ocupa de escoger los actores que lo acompañaran durante el rodaje de toda una vida. Hay quienes dejan que el final lo decida “otro”, o simplemente “el azar”.

Pero hay unos… que aprovechan su imaginación para pensar en un “gran guión” de su vida, escogen los mejores actores, los más bellos y apropiados escenarios según el contexto de la historia por vivir, y van tejiendo tramas, haciendo diálogos, viviendo pasiones, llorando y riendo, y crean obras maestras con finales memorables que dejan huella en quienes tuvieron la suerte de compartir esa historia.

Tal es el caso de los personajes de este libro, este libro -que no ha encontrado etiqueta- porque es parte novela, parte guión cinematográfico, parte storyboard, parte realidad, parte ficción, parte de mí y parte de mi familia, de otra querida familia que adopté como mía, y que buena parte de ella hoy me acompaña.

Pero lo que más me emociona de todo este proceso que se convirtió en libro, es descubrir que mi imaginación actúa como un laboratorio en donde todo se mezcla, lo vivivdo, lo escuchado, lo visto, lo investigado, lo inventado -pero posible- y lo real, todo aquello se mezcla y se trasnforma en una historia nueva, “original”, que bien podría ser una película, una novela, un guión cinematográfico. Bien pudiera ser un libro llamado El final de la película, que cuenta la historia de un niño de 7 años llamado Lucas Lander Linares quien, mirando una película junto a ustedes, los lectores de este libro, descubrirá la vida de sus padres, abuelos y bisabuelos en las Caracas de cada quien.

Cuando este extraño producto salió del laboratorio de mi cabeza y estuvo listo para ser leído, tuve el inmenso deseo de saber qué pensaría de este trabajo Rodolfo Izaguirre, a quien yo había tenido la suerte de conocer en persona tres años antes, cuando compartimos apenas un par de horas sentados uno al lado del otro, durtante una cena en Valencia.

Me atreví a escribirle un correo, contándole de mi manuscrito, y enseguida desperaté su curiosidad y me ofreció leerlo. Entonces tuve pánico. Hasta que llegó su correo de vuelta. Me bastó la primera frase para saber que le había gustado:

Esto decía: Considerar un guión cinematográfico como una novela ilustrada, es como encontrar la rosa azul.”

Entonces lo nombré padrino de Lucas Lander Linares (Triple L) y desde entonces somos compadres. Gracias Rodolfo por escribir un prólogo de lujo y por las memorables palabras que acabas de dedicarle a mi libro.

A Sergio Dahbar, mi editor, gracias infinitas por seguir apostando –aunque no sea negocio- a mis extraños libros.

A Manoleón, mi esposo, mi mano izquierda, mi siempre primer lector, gracias por entender los extravíos de mi imaginación y animarme a seguir experimentando en este laboratorio.

Finalmente, gracias Caracas, mi ciudad, la del Ávila, la del clima perfecto, la que tanto nos ha dado y a la que tanto debemos. Caracas, la nuestra, la que hoy llueve lágrimas de hambre y de miedo, la que añora su pasado, sufre su presente y teme su futuro,  Quien ahora espera que nosotros la rescatemos, que escribamos todos juntos “el mejor guión”, seamos todos protagonistas, escojamos los mejores actores y rodemos las más valientes y emotivas escenas para llegar a “un final feliz”.

Gracias.

                                          Librería El Buscón / Caracas, 25 de junio de 2017.

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