Cuaderno de notas | Cluny. La abadía de los libros

En esta edición, nuestro columnista Harrys Salswach nos sumerge en la labor de Cluny, una abadía que es también un proyecto editorial

Cluny Media, proyecto editorial de dicha abadía

En esta nueva entrega de Cuaderno de notas, Harrys Salswach propone el estudio de la Abadía de Cluny, patrimonio cultural de Europa y dueña de un proyecto editorial dedicado al rescate de literatura sacra.

En un breve pasaje de La historia del cristianismo, de Paul Jonhson, se cuenta que las peregrinaciones occidentales a los Lugares Santos de Jerusalén aumentaron en el siglo x.

Los monarcas carolingios detentaban el derecho de velar por las sacras locaciones caras a los creyentes. Señala Johnson que había tres rutas terrestres que atravesaban los Balcanes y Asia hasta el destino.

Es de suponer que aquellos viajes muchas veces eran solo de ida. En el camino, los monjes de Cluny, quizás una de las agrupaciones cristianas más organizadas y diligentes de la época, construyeron abadías para brindar hospitalidad a aquellos que emprendían la travesía.

Vista de la Abadía de Cluny en Francia. Cortesía

Vista de la Abadía de Cluny en Francia. Cortesía

La Abadía de Cluny es hoy patrimonio cultural de Europa. Se encuentra en la Borgoña francesa. En su esplendor, por allá en la alta Edad Media, el monasterio llegó a tener total autonomía con respecto al papa, y sus monjes benedictinos −bajo la máxima ora et labora− constituyeron un orden cuando alrededor la crisis política, social, económica (las crisis son siempre crisis espirituales) anunciaba cambios tremebundos que los siguientes siglos confirmarían.

He aquí que como aquella abadía de vida monástica, Cluny Media reconoce que en la tradición se asienta la civilización, en concreto, la nuestra, la católica, aun la moderna con su rebeldía pueril y fascinación por lo nuevo, que por lo general desemboca en un cuarto de tortura o una oficina pública, a decir, lo mismo con matices.

Esta editorial nace del reconocimiento de la pérdida y olvido del tesoro cultural católico.

Dos hombres, Leo Clarke y Gellert Dornay, el primero abogado especializado en autoría intelectual y el segundo, filántropo hijo de inmigrantes húngaros cuya fundación promueve la propiedad entre familias católicas a través de un programa de hipotecas que está lejos del que ofrecen los bancos comerciales, se pusieron manos a la obra en 2013.

Dos años después, en 2015, habían confeccionado Cluny Media, con sede en Rhode Island, en Estados Unidos. El lema: promover la tradición y preservar el pasado.

Página web de Cluny Media

En el proceso de reclutamiento, Leo Clarke logra convencer a su hijo, John Emmet Clarke, graduado en Filosofía y Artes Liberales en Providence College, de que se haga cargo del catálogo. Lo acompaña desde entonces un compañero de la universidad cuyos estudios son una combinación inusual, Scott Thompson, graduado en Teología y Finanzas, así que debe estar al tanto de lo que es de Dios y lo que es del César.

El catálogo de Cluny, desde entonces, brinda hospitalidad en estos tiempos de intemperie moral.

«El impulso principal fue el estado de la educación católica y la falta de aprecio de los católicos por los tesoros de nuestra fe», comenta John Emmet en una entrevista para The Catholic World Report. Y apunta Scott, el teólogo-financiero, para el mismo diario: «El problema que enfrenta el mundo de la educación católica no es un exceso de editores, productos o proveedores, sino una disminución de la luz que se derrama de manera activa, honesta y caritativa sobre nuestra herencia intelectual tal como es real y verdaderamente».

Catálogo de la editorial

La edición de los libros de Cluny es, por decir lo menos, peculiar. La tradición no está en pugna con la innovación, es, de hecho, su actualización lo que la hace ser. John Emmet busca aquellos libros perdidos en el largo proceso de secularización de Occidente que, «liberándose» de todo lo de antes, se encadena a un futuro que todavía no es y queda condenado a un presente de aturdimientos y abismos.

Es decir, el editor en jefe rastrea las joyas del pensamiento y la literatura católicas para presentarlas como novedades que, en ocasiones, llevan siglos entre nosotros.

Lo primero es dar con la edición auténtica o la más cercana a ella. Levantar el texto en digital e intentar conservar la fuente, la tipografía y la disposición primera, ya que «cualquier restauración que valga la pena está obligada a refrescarse, repararse, y reforzar la construcción original», así que se corrigen las posibles erratas y se anotan, si es necesario, apuntes explicativos.

El diseño de la portada se realiza en el estudio de Clarke & Clarke (que dará para otro Cuaderno de notas), echando mano de un banco de imágenes de obras de arte que va desde los libros Iluminados hasta Mondrian. «La portada de cada edición de Cluny se selecciona por su capacidad para capturar el sentido del libro y su poder para representar de manera visual lo que se expresa verbalmente», puede leerse en la página de la editorial.

La belleza de los libros de Cluny podría convertir al más rabioso de los descreídos.

Estos nombres olvidados, apartados, subestimados y muchas veces despreciados, se reencuentran en una comunidad libresca que los rescata y restaura para lectores que buscan comprender los tiempos presentes sabiendo que detrás de nosotros siguen vigentes cimas del pensamiento sobre las cuales más nos vale apoyarnos para no sucumbir a las veleidades de la desesperación: Blaise Pascal, Louis Bouyer, Romano Guardini, Joseph Pieper, Karol Wojtyla, Sigrid Undset, Georges Bernanos, Russel Kirk, Charles Péguy, John Henry Newman, Étienne Gilson, Paul Claudel, Hilaire Belloc, François Mauriac, Joseph Ratzinger, Robert Hugh Benson, Hellen C. White, entre tantos otros pensadores, ensayistas y novelistas (sobre todo novelistas) que no olvidaron la savia vivificadora de una tradición que se remonta a más de dos milenios.

Selección de libros de Cluny

Los libros de Cluny siguen brindando la hospitalidad de aquellas abadías medievales para quienes emprendían un camino lleno de peligros pero también de sentido. El trabajo acucioso, atento y servicial de Cluny honra la disciplina y el amor por lo bello que anida en el corazón de todo hombre de buena voluntad.

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