El chiste y su relación con el inconsciente venezolano, por Manuel Llorens

Reproducimos para nuestros lectores el epílogo escrito por el psicólogo e investigador Manuel Llorens para El Tema, la primera novela gráfica de nuestro sello editorial, a cargo del diseñador e ilustrador Lucas García. 

OLP y derechos humanos

Reproducimos para nuestros lectores el epílogo escrito por el psicólogo e investigador Manuel Llorens para El Tema, la primera novela gráfica de nuestro sello editorial, que plasma la postura del autor Lucas García ante la crisis de derechos humanos que se vive en Venezuela.

Es difícil realizar cómics en Venezuela. Sobre todo de acción. No queda mucho espacio para las ficciones distópicas cuando la realidad nos inunda con imágenes tétricas. Ciudad Gótica ha sido desplazada. No hay mucho espacio para el pulp o películas de horror cuando las noticias están repletas de fosas comunes.

Podríamos preguntarnos por qué leer un cómic que nos regresa a ese horror. J. K. Rowling, la renombrada autora de Harry Potter, en una charla a estudiantes de Harvard, contó sobre el efecto que trabajar en Derechos Humanos tuvo en su vida y sus reflexiones sobre los que prefieren no saber. Dijo:

Muchos prefieren no ejercer su imaginación, permaneciendo en los confines confortables de su propia experiencia. Prefieren evitar escuchar gritos o mirar dentro de calabozos. Cierran sus mentes a los dolores que no los implican personalmente. Deciden no saber. Podría envidiar a los que escogen hacer eso. Pero, creo que ellos no necesariamente tienen menos pesadillas que yo. Escoger vivir en lugares constreñidos trae su propia versión de agorafobia que viene con sus propios miedos. Creo que los que deliberadamente deciden no ejercer su imaginación ven más monstruos y, a menudo, tienen más miedo. Peor aún, aquellos que escogen no empatizar habilitan a los a los monstruos verdaderos. Son cómplices a través de su falta de empatía.

Encuestas nacionales han encontrado de manera recurrente que la población venezolana tiene una opinión ambivalente sobre los Derechos Humanos. Por un lado, apoya la idea de su defensa, pero cuando se le pregunta en específico si, por ejemplo, está de acuerdo con que se violen los derechos de alguien que ha cometido asesinato, el 53% opina que sí lo está[1]. Investigaciones internacionales, a su vez, han encontrado que Venezuela puntúa entre los países con menos empatía hacia sus conciudadanos[2]. Esos resultados coinciden con las expresiones visibles de la opinión pública que celebra eventos como la masacre de jóvenes realizada por policías en sectores populares o las condiciones brutales de las cárceles.

La grave historia de abusos de los derechos humanos es una tragedia nacional.

Pero no solo por el sufrimiento de las víctimas o de la impunidad de los victimarios. También por la indiferencia con que hemos aceptado vivir bajo estas condiciones, la rapidez con que olvidamos, la facilidad con que lo justificamos.

El “tema” de Lucas García es una novela gráfica de no-ficción. Nos propone un recorrido por casos graves de abuso de derechos humanos en Venezuela, así como por los abusos más cotidianos. Es el recorrido personal por el horror que cualquier venezolano o venezolana de su edad ha tenido que atestiguar, en el que el eco de las balas y la falta de comida en los mercados, que ha decorado más de algún día y alguna noche.

Este horror aparece intercalado con un chiste sobre los procedimientos policiales en el mundo, que termina ironizando sobre el uso de la tortura en Venezuela. Las risotadas ante el horror solo son posibles si la audiencia no ha tenido un hijo o un hermano arrestado y torturado en los calabozos policiales.

El chiste se podía contar en lugares que veían lejana la posibilidad de ser víctima de tortura.

En la medida en que la encarcelación arbitraria, la desaparición forzada, el uso de la electricidad para obtener confesiones, los golpes y la violación porque sí, se extendieron como práctica dirigida a los sectores más vulnerables y comenzó a aplicarse a todos sin distinción, este tipo de chistes comenzó a resultar cada vez más incómodo.

Ya no es tan fácil que algunos pongan distancia psicológica a través del chiste fácil a las claves del horror estatal. Y, sin embargo, no todos ven la conexión entre el asesinato arbitrario de jóvenes estigmatizados y la banalidad que minimiza la gravedad de la tortura como procedimiento habitual.

Lucas es parte de la iniciativa Ida y Vuelta, una red de artistas, activistas e investigadores que vienen desarrollando proyectos artísticos e investigativos para problematizar y resistirse a la violencia en Venezuela.

Es un grupo de agua-fiestas, que no les dan gracia los chistes sobre la tortura, no le siguen la corriente a la locuaz interlocutora de una reunión social que cree que está bien que la policía haya entrado a un barrio a ejecutar jóvenes a mansalva. Lucas le invita/nos invita a ponernos en los zapatos de la madre cuyo hijo fue ejecutado frente a ella, sin arresto, sin juicio, sin pruebas.

La opinión que justifica el abuso de los derechos humanos es parte del problema.

La idea de que todo se resuelve con más autoridad, es parte del problema. El chiste que banaliza el horror, también lo es.

Es posible que lo opuesto a la violencia no sea la fuerza del orden, sino la cultura del cuidado. No es casual que Lucas, el personaje, finalmente encaje todas las experiencias durante el duro proceso de acompañar a su hijo a dejar el país.

Entre el dolor de la despedida y las angustias generadas por la arbitrariedad de las autoridades, un padre padece la incertidumbre del tránsito de su hijo hacia un lugar más seguro.

Solo el deseo de cuidar a los nuestros, solo el registro de la vulnerabilidad compartida, solo la consciencia de la precariedad de la vida nos invita a pensar en las limitaciones de la ley del más fuerte y nos impulsa a la búsqueda de soluciones colectivas en que podamos cuidarnos entre todos, entender que la fuerza bruta es la gasolina del ciclo interminable de la violencia ciega.

No bastará con reformar las instituciones violadoras de los derechos.

Aún queda la ardua tarea de cuestionar la cultura que idealiza la fuerza y desprecia el cuidado, la que habilita a los monstruos verdaderos, la que celebra al militar en vez de al médico o la maestra o el padre que se preocupa por su hijo.

No dejamos de reírnos del chiste por severidad y falta de sentido del humor, sino por el deseo de reírnos con copa alzada por la vida y no la muerte.


[1] Equilibrium CenDE (2022). “Cómo evalúan los venezolanos la situación de los Derechos Humanos en el país: resultados de la encuesta nacional de la percepción social sobre la situación de DDHH en Venezuela”.

[2] Chopik, William, O’Brien, Ed and Konrath, Sara. (2016). Differences in empathic concern and perspective taking among 63 countries. Journal of Cross-Cultural Psychology 48(1): 1-16.

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