Iperborea, vista en una librería de Florencia, por Harrys Salswach

Harrys Salswach dedica otra página de su Cuaderno de notas a esta editorial italiana que privilegia la forma del libro para incentivar su compra y motivar la lectura.

Una de las ilustraciones de portada de Iperborea. Cortesía

En esta nueva página de su Cuaderno de Notas, Harrys Salswach reproduce la belleza de Iperborea, una editorial de origen italiano que privilegia el diseño de cada ejemplar no solo como una manera de captar a los lectores golosos, sino también para facilitar la lectura.

Desde la Piazza Santo Spirito, cruzando el Ponte alla Carraia, hacia la via dei Fossi, se llega a la librería Todo Modo. Dentro de la muralla de Florencia todo es cercano. Y todo es bello. Esta librería es tan acogedora como cualquier rincón florentino. Un pequeño café y restaurante de mesas de madera recibe a los lectores una vez se adentran dejando el espacio de las novedades atrás. Un arco da paso a una sala con otras tantas mesas, además de una común, todas de madera. Al fondo, se elevan las gradas como de un pequeño anfiteatro, también con mesas, estas sujetas con cuerdas a las estanterías para guardarse a la hora de la transformación para cualquier actividad. Todo alrededor son libros y las plantas cuelgan del techo.

La librería Todo Modo Libri en Florencia, Italia. Cortesía

Algunas estanterías ordenan los libros según sellos, otras por géneros, otras por temas. Lo usual. Dispuestos por lomo, los de una editorial de pronto saltan a la vista. La singularidad de sus formas hace que pongamos la atención en ellos. Lo primero que resalta es el diseño, el colorido, unas dimensiones más que peculiares, las ilustraciones, el material de cubierta, el papel. Una vez en las manos notamos la liviandad. Cuando hemos explorado las formas de estos ejemplares es cuando comenzamos a revisar autores y contenidos. Se trata de los libros de la editorial Iperborea.

Leer es de familia

Es esta otra historia familiar. Tanto por los lazos consanguíneos como por la habitual trama que se teje en las pequeñas empresas. Pietro Biancardi quería ser periodista, actor, y otro tanto. Con algo de rebeldía pretendía alejarse del oficio casero. En 1987, Emilia Lodigiani funda la editorial Iperborea con la intención de llevar a los lectores italianos la cultura literaria del norte de Europa.

Pietro recuerda a su madre leyendo borradores todos los días, metida entre papeles cada noche, y pensaba que no quería aquello para sí. Llegó a colaborar con los quehaceres familiares cuando la editorial funcionaba desde casa, en Milán, doblando cartas y cerrando sobres con invitaciones a presentaciones que luego enviaría por correo a autores, periodistas, gente de la cultura.

Detalle de un ejemplar de Iperboria. Cortesía

Pietro, una vez graduado en Lenguas y Literatura por la Universidad Católica de Milán, aceptó una propuesta de su madre, Emilia, para cubrir una baja en la editorial. Se enamoró del oficio. Enhorabuena por los lectores. La dirección de Iperborea está en sus manos. Y en sus manos es cuando da un giro que todo lo cambia para seguir igual. Sin embargo, no estamos ante un caso de gatopardismo. Pietro Biancardi sabía que la brújula de su madre señalaba el norte, y quería seguir el rumbo con naves mejoradas. Y fue lo que hizo en 2014.

Pasar la página

Hasta que tomó el timón de la editorial, no se habían realizado cambios. Las ilustraciones de portadas seguirían estando ahí, aunque de ahora en adelante llenas de colorido, las dimensiones (10 x 20 cm) tan especiales, conllevaban el inconveniente de que los libros no podían abrirse con comodidad. Fue entonces cuando ajustó, junto a la casa de diseño XXY, también milanesa, los componentes gráficos. Las dimensiones, que asemejan a las de las guías de viaje tradicionales, cedieron ante una mejora de papel, de pegamento, las cubiertas se dispusieron con solapas, el registro de título y autor, nombre y logo de la editorial pasaron a una misma área; los lomos se hicieron más amables con los lectores y es posible abrir el libro hasta los márgenes internos. Lo que en principio puede parecer una forma estrecha redunda en comodidad: la caja interna, de líneas breves y separación prudente, hace que la lectura avance con una facilidad inusual, la vista encabalga unas líneas con otras como si se deslizara con suavidad sobre un paisaje.

 

 

 

Libros editados por Iperborea. Cortesía

El catálogo de Iperborea

Señalaré algunos nombres que Iperborea ha hecho suyos para el lector italiano evitando la doble traducción: Haldor Laxness; Mika Waltari; Knut Hamsun; Pär Lagerkvist; Sigrid Undset; Björn Larsson; Selma Lagerlöf; Thorkild Hansen; entre otros aún por descubrir o redescubrir en castellano. Un libro que no se ha leído aún, siempre es una novedad. Biancardi ha expandido el norte editorial con autores holandeses como Cees Nooteboom; W. F. Hermans; Frank Westerman; alemanes como Esther Kinsky;  checos como Karel Čapek; ingleses como Malachy Tallack; belgas como Peter Terrin; lituanos, letonios… Iperborea es una editorial de catálogo. Esto significa que vende más su fondo que sus novedades, mientras estas resisten el paso del tiempo antes de transformarse precisamente en catálogo. Es una editorial que mira a largo plazo.

Comenta Pietro Biancardi en una entrevista que le hace Giovanni Turi para Edizioni TerraRossa: «(…) los nórdicos [es que] no tienen miedo de enfrentar grandes narrativas, los temas más altos y las preguntas eternas, sobre el hombre, sobre Dios, la muerte, etc., ética y sociedad». Hay algo encantador entre la liviandad de las ediciones y la gravedad de los contenidos en Iperborea.

Belleza y sencillez

En una autora como la finlandesa Tove Jasson (publicada en castellano por la editorial minúscula) se da la combinación entre la liviandad de la edición, la aparente ingravidez del estilo y la solidez del contenido. Tanto en la edición de Iperborea como en la de minúscula (ambas hermosas) la calidad material es una emergencia de las propias palabras que hacen posible la historia.

En El libro de verano, una abuela y su nieta pasan vacaciones juntas, pasean, caminan, miran la naturaleza que parece estar en los confines del mundo; la abuela suele llevarse lo que considera importante a los bolsillos, musgo, pequeñas piedras… mientras Sophia, la nieta, la ve y pregunta, y la abuela camina y responde. Abuela y nieta, los cabos de la vida, la muerte late en la anciana así como la vida late en la nieta y entre ellas, la naturaleza que brinda, que se muestra. Todo en este libro es de una sencillez inusitada, de una belleza leve.

Un encanto magnético

Los libros de Iperboria situados unos al lado de los otros en las estantería de Todo Modo, con su estrechez y altura, colorido y filo, parecen personajes. Sus formas, materiales y disposición visten la inmaterialidad de sus contenidos. De alguna manera el ánimo de la lectura comienza ahí, cuando tenemos a la vista, al tacto, al olfato, al oído, la historia. Comenzamos a leer un libro sin haberlo abierto. Y lo comenzamos a leer con una mirada que ya se ha inscrito en nosotros, una sensibilidad, una complicidad, una disposición en la postura al tener el libro en nuestras manos. El objeto nos ha persuadido y nos introduce en la lectura.

PD: en Todo Modo no solo hay libros, también abundan los accesorios que giran a su alrededor: libretas, estuches, bolsas, lápices, bolígrafos. Sin embargo, es La chaqueta del lector la prenda que hechiza a quien no sale de casa sin libros (más de los que puede leer en una tarde de café, si es un lector que se respete). Es una chaqueta diseñada por la casa Ultra y Todo Modo expresamente para llevar libros sin importar sus dimensiones, así como cuadernos, libretas, bolis o lápices, la prensa, revistas, y seguramente hasta una pequeña bolsa de cantucci alle mandorle.

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