Muchos libros en un ejemplar, por Guillermo Guzmán Mirabal
Guillermo Guzmán Mirabal reflexiona sobre la malversación de la riqueza nacional, a propósito del libro de Luis José Oropeza

El profesor universitario y fundador de la Red Historia Venezuela escribe estas líneas, a propósito de la reedición de «Venezuela, fábula de una riqueza. El valle sin amos», de Luis José Oropeza
Este es un ensayo que son muchos libros en un solo ejemplar. Es un libro que enfrenta y demuele algunos de los mitos mas enraizados en los venezolanos. Es un libro que encara el mito de que somos un país rico cuya riqueza ha permanecido en unas pocas manos. Un país en el que unos pocos amos del valle se apropiaron de unas riquezas que nos pertenecían a todos. Es un libro que analiza ese pensamiento mágico de los venezolanos, que en el Descubrimiento añoramos El Dorado, en la Colonia fuimos acaudalados en cacao y café, y desde la Independencia exhibimos una cornucopia robusta en nuestro escudo nacional. Es un libro que explica nuestra relación con el petróleo, fuente de una riqueza inagotable que viene sin ningún esfuerzo del subsuelo y nos permitió comprar modernidad en el siglo XX.
Es también un libro con una posición frontal y valientemente liberal, escrito con el rigor que otorgan lecturas acuciosas y con la experiencia que da la brega de décadas de trabajo productivo del autor en un país como el nuestro. Es un libro con constantes referencias a los economistas mas influyentes de la historia, que revela un enorme conocimiento de la historia de Venezuela y, de manera también precisa, de la historia económica e intelectual de los Estados Unidos. Es pues, también, un libro de historia comparada, con una reflexión aguda sobre las teorías económicas, y sobre los aciertos y errores de dos procesos paralelos: el de Hispanoamérica y el de las provincias del Norte.
Sin embargo, de todos los libros, hay uno que especialmente atrapa, y es aquel por el cual Luis José Oropeza se adentra a explicar cómo, a lo largo del siglo XX, una generación de dirigentes que gobernaron Venezuela se vio imbuida en las tesis económicas que privilegiaron la planificación y el centralismo como norte en sus políticas de Estado, resultando éste en un monstruoso tiranosaurio al que no hubo forma de controlar. Fuimos víctimas de un terco y beligerante capitalismo de Estado, incentivado durante décadas desde posturas de inspiración marcadamente socialistas, que promovían un intervencionismo económico que, bajo las premisas de un radicalismo supuestamente modernizador, nos llevó a la hipertrofia del Estado y a su intromisión en todas las áreas de la sociedad reservada a los particulares. Y cómo ese experimento pasó de allí al nuevo experimento que se adueñó del siglo XXI venezolano: uno desfasado y trasnochado, donde tercamente se mira al futuro con prismas del pasado, después de un siglo de fracasos que llevaron al estruendoso derrumbe del experimento soviético.

Una mujer frente a los estantes vacíos de un supermercado en 2015. Cortesía Álvaro Ybarra Zavala para Time.
Lo anterior encaja en las páginas finales del libro -en lo que se podría denominar el epílogo caroreño- donde Oropeza recorre los exitosos emprendimientos privados en su Carora natal. En ese distante paraje de la inmensidad de la Venezuela rural, desde finales del siglo XIX, sin la ayuda del Estado y solo con los propios aportes del esfuerzo compartido de una sociedad organizada, pudieron alumbrar iniciativas de indiscutible repercusión colectiva. La maternidad pública, el comedor para escolares pobres, el asilo de ancianos, la Casa de la Cultura y la Orquesta de los Muchachos, los Coros, la Escuela de Música. También el fundamental colegio La Esperanza. Y la hazaña de que, por mas de cinco generaciones, se continue editando un periódico en Carora, de diaria circulación, a pesar de la agresión de las varias dictaduras de viejo y nuevo cuño.
Lacónicamente, sin embargo, el autor nos revela el sombrío final de la iniciativa privada cuando aparece la intervención irresponsable de un Estado depredador. El franco deterioro del exitoso hospital privado San Antonio de Padua desde su nacionalización en 1970. La luz eléctrica, desarrollada en 1922 con fondos de inversionistas locales, con éxito enorme hasta 1973, cuando fue expropiada. La red de teléfonos, erigida en tiempos de Gómez sin apoyo de la nación, nacionalizada en los años 1950. La raza de ganado Carora, esa proeza nacida del cruce entre animales europeos con el rústico criollo, verdadera revolución en la producción de leche en el país. Lo que no se pudo lograr en los centros públicos de investigación y desarrollo con sus abultados presupuestos lo hicieron unos pioneros criadores privados en Lara. Pero si en los años 1960 existían 14.000 vientres, lo accidentado del camino ha rebajado el rebaño a unos 4.000 en la actualidad.
Asimismo, hace referencia Oropeza al episodio del que fue testigo cuando le correspondió ser parte del gabinete de Pérez I: la nacionalización -o verdadera expropiación- de la deuda privada contraída por los productores agrícolas con la banca pública y privada, y con los proveedores de insumos del agro, en 1974. A partir de entonces el sector sufrió de un dirigismo planificado en detrimento de la empresa privada y libre, con las consecuencias por todos conocidas.
Termina Oropeza con una sentida reflexión muy apropiada para la Venezuela, y los venezolanos, de hoy: “La verdadera revolución cubana se logra y triunfa de manera efectiva en la realidad transformadora que los aventados de la isla consuman en Miami y en diversas latitudes del mundo entero. Ellos, en la adversidad (…), han logrado consolidar con la libertad de un mundo extraño (..) un bienestar que la legión de ocho millones de encarcelados en la isla (…) jamás podrá soñar.” (…) “En la isla desolada de hoy y en la dramática devastación de la Carora que hizo posible las faenas reivindicadoras del siglo XX, se recoge la vivencia de los daños incalculables que las políticas estatales son capaces de infligir cuando desconocen la presencia del hombre libre, de sus derechos sobre la propiedad individual, sobre la libertad de los contratos y sobre el desarrollo social y económico, puesto que, como se ha constatado en el mundo al que le ha sido posible avanzar, la riqueza y el cambio son secuelas infalibles de la libertad.”
Muchas gracias, doctor Oropeza, por regalarnos, en un solo ejemplar, estos extraordinarios libros.





















