Cuaderno de notas: Confluencias de ciudades

El gusto educado se traduce en belleza, y es quizás esta pretensión —que no la única— la que motiva a esta familia de editores a hacer libros.

Cuaderno de notas es la columna de Harrys Salswach12 de septiembre de 2022

Por Harrys Salswach

Un padre y sus dos hijos. José Jesús Fornieles Álferez el fundador, Alfonso y Javier Fornieles Ten, quienes lo secundan al mando de Confluencias, esta editorial almeriense que en un par de años cumplirá tres lustros de existencia. Como a muchos otros editores, lo que motiva a esta familia es el gusto y goce por la lectura y las tareas bien hechas. A ver, que la tecnificación no atenta contra el oficio. El cuidado de los detalles, la mirada artesanal —por decirlo de alguna manera— acompaña la hechura editorial hasta que el libro sale de la imprenta. No hay nada al azar, desde el interlineado hasta el material de las cubiertas.

El gusto educado se traduce en belleza, y es quizás esta pretensión —que no la única— la que motiva a esta familia de editores a hacer libros. Si bien suele ser habitual que un lector avezado demande títulos inencontrables, dar con ellos a veces supone una decepción: el aspecto no es el que les corresponde o, al menos, no el que estos tres editores quisieran para sus hallazgos o rencuentros. Y se ponen manos a la obra. Las páginas de créditos dan cuenta de que cada elemento del libro ha sido pensado y puesto en manos de quien sabe hacer.

Zocos: Una colección dedicada a las ciudades

De entre las diez colecciones que conforman el catálogo de Confluencias y que van del ensayo, la novela, la crónica, las memorias a la diarística hay una que, por su delicadeza, gracia y contenidos, ha llamado mi atención y es donde se me hace que todo lo dicho se conjuga: Zocos.

Colección dedicada a las ciudades, Zocos destaca por su diseño, formato (10,5 x 17 cm con solapas enteras), calidez y calidad. Libros de pequeñas dimensiones y no por ello de menor talle. Las ciudades son abordadas desde la impresión de sus visitantes, desde la experiencia íntima; no son guías de viaje, sino que se muestra el ánimo de quien observa, ama, quiere y desquiere la mayor invención del hombre desde que fue expulsado del Paraíso. Londres, Tetuán, París, El Cairo, Palmira, Nueva York…

Harold Acton y su paso por Editorial Confluencias

Algunas simetrías suelen ser de utilidad para comenzar a ordenar las ideas. Tres editores. Tres libros. Tres ciudades. El primero de los tres títulos de Zocos que señalaré es Florencia y las villas toscanas, del esteta inglés sir Harold Acton. Es significativo que sea este el libro que inaugura la colección de la que hay que hacerse cuanto antes, se viaje o no a las ciudades relatadas.

Nacido en Florencia, este inglés de refinado, elegante e irónico gusto hace un repaso histórico y estético de una ciudad que en el siglo XIX se hizo inglesa. Un buen amigo, al que le comentaba el amor con que este cosmopolita se refiere a Florencia, me decía que así tratan los ingleses lo que consideran que ha debido ser de ellos. En tan solo un centenar de páginas, Acton dice lo que siempre será poco sobre Florencia. Desde el posible origen etrusco de su nombre Fiésole, invadida por Julio César en el 59 a. C. para construir una nueva ciudad, Florentia, hasta la gran inundación de 1966. Entretanto, toda su belleza y esplendor.

«¿No es esta la ciudad donde, como una fantasía de Leonardo, se camina sobre las aguas?», escribe Diego Valeri, poeta italiano, en Fantasías venecianas, delicadísimo libro dedicado a la ciudad de la que se enamoró hasta que no pudo seguir viviendo en ella porque el esfuerzo de transitar entre tantos puentes y escaleras hacía mella en su corazón frágil. «Venecia es ciudad que despierta en los más vivos toda la potencia vital, impidiéndoles calmarse en el automatismo de los sentimientos y pensamientos acostumbrados, regalándoles siempre nuevos motivos de estupor y exaltación». Así como cada página de este retrato lírico de la ciudad del alma. Valeri moriría en Roma en 1976, el mismo año en que abandonó Venecia.

Y es la ciudad eterna la del último de los títulos de Zocos que forma parte de esta nota. Roma. En torno a las siete colinas, de Julien Gracq. El escritor francés primero dará sus impresiones sobre Venecia y Florencia, las desencantará antes de aproximarse a Roma. Las cabriolas intelectuales le llevarán a despreciar apreciando lo que tiene bajo sus pies y sobre su cabeza. Un francés culto nunca decepciona: en algún momento traerá a colación la merde, anota sobre Florencia (de Venecia tiene mejor concepto): «Tras los cuadros de Giotto y Botticelli, surge pese a mí una superposición de Tourcoing y eso basta para que este arte milagroso, lo cual de algún modo consigo razonarme, conserve algo de flor de estiércol, de belleza nacida en la caca».

No puede sino ir comparando estas ciudades para acercarse a una Roma que visita por primera vez cuando tiene setenta años. Y se sentirá feliz de una extraña manera, como si le faltara el aire: «Me he ahogado en Roma y en Florencia —ahogado en la maravilla—, un poco como en el confinamiento de un museo sin ventanas: efervescencia estética en vasos cerrados, exceso de amontonamiento de arte asociado a una falta de espacio y lontananzas».

Toda esta maravilla publicada por tres editores que confluyen en un gusto educado por lo bello, y en un poco centenar de páginas, tres títulos y tres ciudades suficientes para hacerse una idea del legado del que somos responsables en Occidente y del que nos olvidamos para solo referir lo «bonito», lo único que podemos decir cuando hemos olvidado que la belleza es solo aquello que se orienta a lo ascendente. Lo que no puede ver Gracq es lo que reconoce Acton cuando recuerda, ante las obras de Giotto, a Ruskin y sus Mañanas florentinas (Pre-textos): «las cosas hechas correctamente y con gracia están siempre hechas por la inspiración y la ayuda de Dios». No hay confluencia mayor.


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