¿Quién fue Mario Ricardo Vargas?, por Ramón Emilio Vargas

Ramón Emilio Vargas escribe este ensayo sobre su padre Mario Ricardo Vargas, un venezolano que vivió una vida breve pero plagada de ideales tan invaluables como inmortales.

Mario Ricardo Vargas

Mi padre, un camino por recorrer

Hace ya algún tiempo, quizás algunos años, un gran amigo de la infancia, después de un almuerzo en el que tratamos muchos temas familiares y otros referentes a la actualidad política del país, me preguntó la razón por la cual no había escrito algo sobre la vida de mi padre, Mario Ricardo Vargas Cárdenas. La verdad, no supe responderle. Esta anécdota me movió a escribir algo sobre mi padre. Sin embargo, hoy día, pensar y escribir sobre su vida familiar y pública y la influencia de sus actuaciones en la vida política del siglo xx en Venezuela es algo muy complicado ; coloquialmente hablando, es meterse en camisa de once varas. He tratado, en este ensayo, de hacer un viaje memorioso de anécdotas, cuentos e historias.

Una vida breve

Tenía yo seis años cuando mi padre falleció. Mis recuerdos son muy breves. Se hace necesario recurrir a las narraciones que hacía mi madre y que aún están en la mente de mi hermana Alegría y la mía. Cada vez que en familia nos poníamos a revisar algunos álbumes de fotografías se hablaba de su relación con amigos, tanto en el ambiente militar como en el político, de su relación con la familia y de anécdotas relacionadas con el desarrollo de su vida pública.

Tal es el objetivo del presente trabajo, no el de analizar los sucesos en Venezuela durante la primera mitad del siglo xx. La idea es la de que no sea tampoco la suposición empírica de lo acontecido, sino más bien tratar de que sea la fotografía de la verdad de lo ocurrido, a través de crónicas y testimonios que se originaron durante y por estos acontecimientos, tratando de llenar algunas lagunas y dar con algunas revelaciones que ayuden a tener una visión más clara de los hechos del 18 de octubre de 1945 y el 24 de noviembre de 1948, y la actuación de mi padre en esos eventos. Los hechos cumplidos no pueden negarse.

Un Hombre de Ideales

¿Quién fue Mario Ricardo Vargas Cárdenas? Fue, antes que nada, un hombre que nace en una Venezuela rural. A pesar de que a finales del siglo xix ya se había descubierto petróleo en los Andes, no fue hasta el año 1914 cuando comienza la explotación petrolera con el pozo Zumaque I y no es hasta los Gobiernos de los generales López Contreras y Medina Angarita cuando comienzan a promulgarse las leyes de hidrocarburos que buscaban regularizar la explotación, producción y obtención de mejores beneficios de parte de las transnacionales que explotaban el petróleo. Fue de origen y educación humilde, muy religioso.

Un hombre dedicado a la transformación de su país. A pesar de saber la realidad de su padecimiento, lo frágil que llegó a sentirse físicamente y la angustia de no saber qué podía suceder en un futuro cercano, no descansó en la lucha por la consecución de sus ideales.

Fue un militar civilista. Fue un líder militar. Su ideal era terminar con la Venezuela del pasado, del caudillismo, de guerras, de dictaduras militares, de pobreza, para llegar a un presente democrático, con unas Fuerzas Armadas modernas, bien organizadas, equipadas y adiestradas, subordinadas al poder civil, que asegurara un futuro feliz para las generaciones por venir.

Tuvo en su mente siempre el sentido de responsabilidad y compromiso con sus ideales y su país. Encontró una salida hacia la democracia en el 18 de octubre de 1945. Durante el periodo de los tres años de Gobierno de la Junta Revolucionaria, siempre se mantuvo acogido a los principios doctrinarios y postulados democráticos que se firmaron en el acta de fundación de la Unión Patriótica Militar. Fue un hombre brillante, resistente, trabajador insigne, apasionado, fiel a sus principios. El padre de esta historia dejó una huella profunda

Reconstruyendo las memorias de mi padre

No fue sencillo armar el rompecabezas vital de mi padre. Gracias a mi hermana obtuve la mayoría de las fotografías que aquí se publican y están en los álbumes que ella conserva. También se hizo indispensable la lectura y análisis de algunas cartas que dirigía mi padre a su hermana, mi tía Blanca, donde hace un recuento de su enfermedad y del tratamiento médico que le hacían en el Sanatorio Saranac Lake, en Nueva York, Estados Unidos.

Existen otras notas epistolares a las cuales hago referencia y en las que mi padre narra acontecimientos ocurridos en el país. Adicionalmente, no hay que dejar por fuera la extensa fuente documental constituida por las opiniones que sobre los hechos de la primera mitad del siglo xx han escrito algunos historiadores, que se han dedicado al análisis de los acontecimientos políticos y militares que se desarrollaron en Venezuela, así como la investigación que he realizado sobre documentos oficiales y de los artículos de los más importantes periódicos de la época.

Testimonio de una vida

Existen dos libros que considero de un gran valor informativo, en virtud de que sus autores fueron actores en los acontecimientos del 18 de octubre de 1945 y 24 de noviembre de 1948. En ellos se recogen hechos narrados directamente por los protagonistas. En el primero de ellos, La verdad inédita, de la periodista Ana Mercedes Pérez, se describen y son narrados con lujo de detalles, directamente por sus actores, a través de entrevistas, los hechos de 1945, lo que lo hace la narración fidedigna de la historia. El segundo es Venezuela, política y petróleo, de don Rómulo Betancourt, donde, además de analizar la situación del país, el autor narra su estrecha relación con mi padre, sus conversaciones e intercambio de ideas durante el Gobierno de la Junta Revolucionaria y en visitas que le realizó durante su destierro en EE. UU.

Con personas amigas de mi padre, ya todas fallecidas y que siempre mantuvieron contacto con la familia, tuve la oportunidad de conversar y escuchar anécdotas importantes de las cuales también hago uso e intercalo entre los párrafos de esta narración. Entre ellas está el mayor José María Jiménez Velandria (don Chema), ayudante de mi padre y que se convirtió en un gran amigo de la familia ; hablamos y compartimos mucho durante toda mi vida profesional.

Agradecimientos

Especial agradecimiento a mi hermana Alegría y a su hijo, mi sobrino y ahijado Marco Ortega Vargas, de quienes recibí, aparte del ánimo para escribir este ensayo, su entusiasmo en la consecución de material bibliográfico (cartas, fotografías, documentos oficiales, etc.). Ambos se abocaron además a revisar el borrador para confirmar fechas, datos y los diversos acontecimientos que aquí narro. También mi eterno agradecimiento a mi sobrina Alegría Ortega Vargas, quien ha dedicado tiempo para leer y hacerme excelentes recomendaciones, además de correcciones de concordancia, tratamientos, estilo, ortografía, etc., y la idea sobre el diseño para la impresión de este ensayo.

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