Cuaderno de notas | Gatopardo ediciones por Lampedusa
En esta nueva página de su Cuaderno de Notas, Harrys Salswach nos presenta a Gatopardo, una editorial que apela a la aristocracia del espíritu

En esta nueva página de su Cuaderno de Notas, Harrys Salswach nos presenta a Gatopardo, una editorial que apela a la aristocracia del espíritu.
Durante una conversación que parece de sobremesa, junto con una amiga, Javier y Marta Villavechia se preguntaron por un libro de Lampedusa descatalogado (¿sería La sirena?), y pensaron en publicarlo.
Mónica Monteys, que sería la editora de este proyecto hasta 2020, apuntó que para publicar un libro sería una buena idea tener antes una editorial. Los nonagenarios la llamaron Gatopardo ediciones.
Hay cierta liviandad en cómo nacen los proyectos editoriales pequeños; alegría banal; distensión de ánimo; hasta quizás una irresponsabilidad jovial, no lo sé, como cuando se está entre amigos y se habla sin afectaciones.
Y no necesariamente un capital holgado se traduce en esa ingrávida toma de decisiones, también suele darse cuando lo único holgado es el entusiasmo. Tenían 94 y 92 años, Javier y Marta, ambos barceloneses, cuando emprendieron el proyecto.
Desde hace un lustro, Lucas Villavecchia es el editor de Gatopardo ediciones. Nieto de los fundadores, con experiencia comercial en el sureste asiático para Penguin Random House UK, es quien nutre de contenido este sello cuya exquisitez no está en detrimento del alcance de lectores.
Analizando al Gatopardo
Los libros de Gatopardo ediciones son livianos. No en contenido, estrictamente en su peso. Esta es una característica de la que muy pocos lectores echan mano cuando recomiendan un libro o una editorial.
Lo hago yo, ahora, para dar cuenta de un rasgo que quizás sea significativo o, al menos, característico de este catálogo. Gatopardo ediciones, «libros livianos», tal vez esa podría ser una modesta campaña de marketing.
Las cubiertas son sutiles. Destacan el título y el autor, la imagen está subordinada a aquellos, así que no «invade» la cubierta y «respeta» el espacio al estar seccionada, aun cuando hay unas cubiertas abiertas por completo, la composición es sobria y con «aire».
Asimismo, la utilización de la fuente Tisa y un interlineado generoso, hacen de la lectura un placer, es decir, la página no es un hormiguero para ahorrar espacio y así salvar unos centavos en impresión.
La calidad literaria es lo que hace que un título llegue a Gatopardo ediciones (sin ánimo irónico: ¿no es esa la intención de cada pequeña editorial?, tal vez ahí anide el verdadero significado del nombre.
Cambiar, para que todo siga igual, se me antoja lo mejor de ser conservador). Y así ha sido con la editora Mónica Monteys y con el editor Lucas Villavechia.
Unos doce títulos al año, los que pueden leerse y trabajarse con cuidado. Traducciones del inglés, italiano, francés, noruego, holandés, ruso.
Quizás porque ya se publica un tanto en español desde que a cualquiera le dio por contar algo. En Gatopardo ediciones saben que hay gustos que se satisfacen sin escatimar, es decir, siempre habrá lectores.
Dos títulos. Suficientes para animarse. Un hombre cualquiera, de Giovanni Arpino. Y Un montón de migajas, de Elena Gorokhova. Novela y memorias, respectivamente.
Una editorial con buen tino
El primero de los títulos es una novela perfecta, de una claridad de estilo transparente como el cristal.
El protagonista de esta historia es un oficinista de cuarenta años, de esos que entran y salen de los edificios de cualquier ciudad medianamente poblada, como Turín de los años cincuenta. «Soy un cobarde», con esta declaración de principios se inicia esta novela, y ya estamos conquistados.
He aquí cuando a mitad del camino de la vida, se encontraba en una selva oscura porque había extraviado su ruta; Antonio Mathis se enamorará de una joven novicia que cada día ve tomar el tranvía.
En un diario cuyas entradas van del domingo 10 de diciembre de 1950 hasta el 2 de enero de 1951, este Dante descreído irá tras una Beatriz que no aspira al cielo.
En el segundo título damos con las memorias de infancia y juventud de Elena Gorokhova, quien emigró a Estados Unidos dejando atrás la Rusia soviética y un entorno familiar igual de opresivo: «… mi madre acabó siendo un reflejo de mi patria: autoritaria, protectora y difícil de abandonar.
Nuestra casa era la sede del Politiburó, y mi madre, la presidenta perpetua». Desde un lugar «donde la gente lame los platos» hasta la tierra de las libertades, quien se convertiría en escritora publicada en The New York Times, The Daily Telegraph, y profesora de Lingüística, hilvana los pormenores de la cotidianidad en un país socialista.
El título viene a cuento porque era lo que decía su abuela para paliar el hambre de sus hijos, se demorarían más en comer y creerían que el mísero pedazo de pan una vez troceado abundaba.
Lo que abunda en el socialismo es la miseria. «Oímos hablar mucho del amor a la patria y del amor al Partido Comunista, pero nunca del amor al prójimo».
Gatopardo ediciones, al contrario que la novela homónima, tal vez sea signo de que la aristocracia de espíritu se resiste a estos tiempos broznos.
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